El uniforme para pelear contra el diablo

Las ideas hay que buscarlas, pero muchas veces son ellas las que terminan encontrándonos. Por eso hay que abrirse a contarlas, experimentarlas y hasta fallarlas. Durante este proceso teníamos la certeza de que queríamos indagar en nuestras raíces, construyendo un uniforme que nos representara y que reflejara nuestra latinidad desde nuestra propia mirada.Todo comenzó con la creación de un pantalón, sin una meta completamente clara. Se lo mostramos a alguien muy cercano y su respuesta fue:

Después de esa interpretación, no había razones para ignorar la intuición. Así comenzó la investigación que daría forma al imaginario detrás de este uniforme.
Empezamos buscando personas como nosotros, personas que escucharon estas historias de sus abuelos, padres o familiares. También ampliamos la búsqueda fuera de nuestro círculo, en espacios como Reddit.

Después de leer y escuchar muchas de estas anécdotas, notamos que esta historia está atravesada por orígenes y contextos populares muy amplios. En los Llanos se cuenta que el diablo aparece montando un caballo negro, desafiando a los llaneros a una pelea o a una carrera infernal. Este relato puede estar relacionado con la cultura vaquera y la importancia que tiene el caballo en la región.
En Antioquia y el Eje Cafetero se habla de encuentros en caminos de herradura, donde los arrieros aseguran haber peleado con una figura demoníaca. En la Costa Caribe existen relatos del “jinete sin cabeza” o del diablo apareciendo como un hombre elegante, con botas y caballo, muy similar al mito europeo del “Caballero Negro”.

Todo esto demuestra que estas historias recorren gran parte de nuestro territorio y hacen parte de nuestras raíces como colombianos y latinoamericanos. Son relatos que, a través de la fantasía, también hablan de realidades marcadas por las herencias coloniales, la violencia y el adoctrinamiento religioso.
Teniendo esto en cuenta, tomamos toda esa herencia, esas historias y esa indumentaria, y las abstrajimos en un uniforme que buscara representar estas culturas de la manera más respetuosa y digna posible.Tomamos como insignia el liquiliqui, traje tradicional de los Llanos venezolanos y colombianos, utilizado en celebraciones y actos sociales como el joropo.También incorporamos el carriel antioqueño, una alforja cargada de misterios y símbolo de tradición, utilizada históricamente por los arrieros. Reinterpretamos sus formas en los bolsillos posteriores y estampamos el símbolo tradicional de tres puntas, una referencia a la geografía montañosa de Jericó.Las puntadas decorativas presentes en el uniforme no solo aportan una identidad visual propia, sino que también funcionan como un tributo a los tejidos, patrones y saberes de nuestros pueblos originarios.

Por último, todos los prenses y cortes presentes en la prenda evocan las marcas de las batallas, pero también la esperanza de sanar después de ellas.Este uniforme no está construido únicamente desde nuestras raíces; también está pensado para ellas. Busca celebrar la unión de nuestra cultura colombiana desde la dignidad, el respeto y el profundo amor que sentimos por ella.